Por todos es conocida las dificultades que nuestros maravillosos productos de la cuenca mediterránea tienen para comercializarse por el mundo en unas condiciones de rentabilidad y prestigio adecuadas. Las joyas de nuestra gastronomía mediterránea son fruto de la evolución constante e innovación infatigable de nuestros antepasados. Un sector que ha apostado por la innovación en la producción y en las características sensoriales de sus productos alcanzando altísimas cotas de excelencia pero que lamentablemente ha dejado de lado la excelencia en la comercialización.

Para todo ello y debido a la feroz competencia de nuestros mercados y la necesidad cada vez más acuciante de diferenciarnos y aportar valor a nuestros productos a unos precios competitivos, salvando el mercado global en el que nos encontramos y en el que nos toca competir a unos costes de producción muy poco ventajosos, creo que se debería apostar por una corriente arrolladora que surge a finales del siglo XX y que cobra especial relevancia en nuestros días, el diseño emocional aplicado a productos agroalimentarios, estamos hablando del complejo mundo de las emociones del ser humano. Para ello se introduce en el proceso de diseño de producto y comercialización al consumidor final, contamos con su opinión, lo analizamos, estudiamos e incluso prevemos las sensaciones y emociones que va a sentir cuando tenga nuestro producto en sus manos. Nace el concepto de usabilidad y la experiencia de usuario.

No olvidemos que nuestro consumidor final está cada vez más y mejor informado, y por tanto es mucho más exigente no solo respecto a las características sensoriales del producto como calidad, sabor, contenido nutricional, precio, etc… sino que desea satisfacer características a un nivel psicológico y que sean atractivas a un nivel emocional. El consumidor valora las experiencias emocionales placenteras que cumplan (o excedan) sus expectativas, ya sea en el sabor o la palatabilidad del alimento en sí, en el diseño del packaging o incluso en sus textos, para predisponer a una experiencia de uso sabrosa, excitante o saludable. Como dato que corrobore lo anteriormente comentado, decir que la emoción es el 43% de la decisión de compra.

También se hace necesario tener en cuenta la subjetividad de los usuarios, la cual no depende únicamente de los sentidos, sino también del entorno, el conocimiento, las creencias, rango social, edad, etc.. Por ello los consumidores confían en jabones que producen mucha espuma (aunque no es necesaria) o colutorios para higiene bucal “que pican” (no será un sensación placentera, pero da una mayor sensación de desinfección).

Como conclusión final nos encontramos en la obligación de proponer a los comercializadores y productores de alguno de los excelentes productos agroalimentarios que se producen en todo el territorio nacional, pero especialmente en todo el arco mediterráneo, el asesoramiento integral de esta nueva tendencia que ha venido para quedarse con profesionales de dilatada experiencia en el sector de la consultoría agroindustrial, porque proporcionar una experiencia placentera a nivel emocional a nuestro cliente, ya sea mayorista o consumidor final, comienza  en un diseño adecuado y armonioso de nuestras instalaciones unido de la mejora de los procesos internos de la empresa, así como la elección de un adecuado packaging que cuide y proteja nuestro producto, todo ello siendo respetuosos con nuestro dañado medio ambiente y amables y justos en la gestión de RRHH. Todo esto expondrá nuestra imagen de marca como una imagen de prestigio y totalmente diferenciada de nuestros competidores a nivel global.

Publicada en el diario Agroinformación www.agroinformacion.es 

Escrito por Javier Botía Yáñez (Director de Ingenioo Studio)